El costo invisible de estirar la batería: Cómo un mal estado puede aumentar hasta un 20% el gasto del auto. | Motores a Pleno ® ::: 36º Aniversario / 26 años en internet :::

Con inflación alta y una creciente necesidad de optimizar gastos, el mantenimiento del auto empieza a leerse cada vez más en clave
económica. Sin embargo, uno de los componentes más críticos -la batería- sigue siendo subestimado por la mayoría de los conductores.

Desde Acubat advierten que estirar una batería en mal estado puede terminar siendo más caro que reemplazarla a tiempo. El mayor costo no aparece solo en la batería, sino en la asistencia mecánica, el remolque, la compra de urgencia y la posible sobre-exigencia del sistema eléctrico del vehículo.

«El error más común es pensar que estirar la batería es ahorrar. En la práctica, una batería deteriorada aumenta el riesgo de quedarse varado, obliga a resolver todo de urgencia y puede sobre-exigir otros componentes del sistema eléctrico. El ahorro real está en anticiparse al problema», afirma Ariel Ignacio Valbuena, CEO de Acubat.

El impacto no es menor. Cuando la batería pierde eficiencia, el alternador debe trabajar más para compensar la falta de carga, lo que aumenta la demanda del motor y, en consecuencia, el consumo de combustible. A esto se suman posibles fallas en sistemas electrónicos -cada vez más presentes en los vehículos modernos- y un mayor riesgo de quedarse varado.

Además, los costos asociados a una falla suelen ser significativamente más altos que un mantenimiento preventivo. Una asistencia mecánica o remolque puede costar varias veces más que un chequeo, mientras que un reemplazo de urgencia -sin planificación ni opciones- suele implicar precios más elevados.

«Más del 70% de los problemas de batería que vemos podrían haberse evitado con un control previo. Pero el usuario suele actuar cuando ya tiene el problema encima, y ahí todo es más caro, más incómodo y más urgente», agrega Valbuena.

En Argentina, donde la vida útil promedio de una batería ronda entre los 2 y 3 años, muchos conductores extienden su uso por encima de ese período sin controles. Este hábito, lejos de representar un ahorro, suele traducirse en un deterioro progresivo del rendimiento del vehículo y en gastos silenciosos que se acumulan mes a mes.

Entre los principales efectos de una batería en mal estado se destacan:

  • Mayor esfuerzo del alternador.
  • Incremento del consumo de combustible.
  • Fallas en sistemas electrónicos.
  • Riesgo elevado de asistencia mecánica o remolque.
  • Reemplazos más costosos por urgencia.

«El cambio de lógica es clave: mantenimiento no es gasto, es inversión. Un diagnóstico a tiempo no solo evita quedarse a pie, sino que mejora la eficiencia general del auto y reduce el costo total de uso», concluye Valbuena.

En este escenario, el asesoramiento técnico cobra un rol central. Elegir la batería correcta, en el momento adecuado, y con un diagnóstico profesional puede marcar una diferencia concreta en el bolsillo del usuario.

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